Tal como lo dice el viejo refrán: líbrame de las aguas mansas que de las malas me libro yo; que hace referencia a la precaución o cautela de todo aquello que se presenta o demuestra ser tranquilo, pacífico o sereno como los amigos. Los amigos, a veces, son los primeros en traicionarnos.

Líbrame de las aguas mansas, que de las malas me libro yo

Pues bien, nunca hay que confiar tanto en la tentadora trampa de la amistad como para luego tener motivos de arrepentirse. El problema es que a veces las personas del entorno cercano, no se muestran como realmente son. Algunos suelen coincidir con nosotros por diferentes intereses, incluso algunos suelen disimular, pero cuidado, siempre estemos alerta para cualquier eventualidad, todo se puede esperar. Tal como lo indica un proverbio chino, compara a los amigos con las mandíbulas y los dientes de un peligroso animal: si una persona se descuida, se encuentra con que terminan masticándonos. Incluso algunos emperadores como Sung, evitaba a toda costa “las amistades”, quien en alguna oportunidad dio de beber una copa de vino envenenándolos. Es más, ante cualquier indicio de prosperidad, ¡cuidado!, hierven los celos y envidia de estas personas, lo cual terminaría con su propia destrucción. Sin embargo, hay momentos en los que un amigo puede ser necesitado: ante una separación, una perdida o fracaso de cualquier índole, que es donde surge el verdadero sentimiento de amistad.

Cuidado! Hierven los celos y envidia de estas personas

Finalmente, es importante estar presto ante cualquier señal de conflicto emocional con un amigo como la ingratitud o la envidia; así como tener claro ciertos limites y distancias con el fin de no lastimarnos y cuidarnos de los amigos.